31-12-2018 / 09:19
La desarticulación opositora clave en la consolidación del predominio radical


Más allá de los índices negativos, los peores del país, y las malas noticias que acumuló en el fin de año, el Gobierno provincial goza de una hegemonía política merced, en gran parte, a la desarticulación de una oposición política y social.
Corrientes sigue estando en el tope de los rankings de pobreza, indigencia y desocupación del país. Además, el primer año de gestión de Gustavo Valdés no mostró grandes logros más allá de un clásico en las administraciones de su antecesor: pagar en tiempo y forma los salarios y pluses. No obstante, goza de una hegemonía política nunca antes vista desde que el Radicalismo llegó al poder provincial, allá por el 2001 tras dos años de Intervención Federal.

La explicación, quizás no la única pero sí la más importante, es la desarticulación casi total de una oposición política y social al modelo que expresa Encuentro por Corrientes (ECO), y que se mimetiza cada vez más con el proyecto que en el plano nacional encarna Cambiemos.

Porque a los índices negativos y escasas buenas novedades, también hay que sumarle que Valdés es uno de los cuatro gobernadores que integran la alianza gobernante en un año donde la Administración que encabeza Mauricio Macri hizo volar por los aires su modelo económico: inflación del 48%, pobreza que se aproxima al 35% y una desocupación que está a un paso de superar el 10%.

En ese contexto, la oposición política en Corrientes, representada por el Partido Justicialista y sus otroras aliados electorales, se la rebuscaron para allanarle los caminos en la Legislatura y Concejo Deliberante cada vez que el gobernador o el intendente capitalino, Eduardo Tassano, lo requirieron.

Así fue con el Pacto Fiscal, que significó un brutal ajuste para las arcas provinciales y de todos los Municipios correntinos, y con la aprobación del Presupuesto 2019 y su consecuente permiso para que el Gobierno provincial se pueda endeudar por más de 7.000 millones de pesos.

En el plano comunal, la sorpresiva ausencia de un concejal opositor le permitió a la gestión de Tassano aprobar el Plan Costero. Ese megaproyecto inmobiliario que es lo único que parece caminar en Corrientes, por encima de la construcción del segundo puente Chaco-Corrientes, por ejemplo. A la hora de votar el incremento del boleto de colectivo, que pasó de 11 a 19 pesos, estuvieron todos los ediles opositores, pero cinco se abstuvieron de votar, permitiéndole otro triunfo cómodo al oficialismo.

Para consolidar una mayoría abrumadora en la Cámara de Diputados, ECO-Cambiemos cuenta con la invalorable ayuda de la liberal Any Pereyra, quien cogobernó la ciudad de Corrientes junto al PJ en tiempos de Fabián Ríos intendente. También colabora el silencioso legislador del Frente Renovador, Diego Pellegrini. Ambos accedieron a sus bancas a través de la lista de Podemos Más, último experimento electoral del Justicialismo.

En el Senado, siempre el oficialismo recibe el apoyo ya casi incondicional de Nora Nazar de Romero Feris (Partido Nuevo), y de algún peronista: cuando no es Roberto Miño, aparece Mario Bofill.

Pero tampoco hay que desconocer el aporte que hacen los sindicatos y movimientos sociales a la hora de consolidar el predominio de la alianza que gobierna Corrientes desde hace 17 años.

Los sindicatos por su incapacidad de movilizar, aunque sea 100 trabajadores, tal vez por la desconfianza que generan dirigentes que le esquivan a la renovación hace años. Y los movimientos sociales por no salirse de sus reclamos sectoriales, que incluyen en la mayoría de los casos acuerdos con distintas áreas del propio Gobierno provincial.

Se viene otro año electoral y las únicas expectativas de tener una contienda más o menos pareja en la provincia parecen ser una nueva implosión del modelo económico nacional; o que se desmadren las disputas al interior de ECO-Cambiemos. Nada que tenga que ver con la construcción genuina de un proyecto alternativo al que encabeza la Unión Cívica Radical.


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