07-02-2020 / 14:14
Carnavales correntinos: mística y payé


Los carnavales son una de las expresiones populares más arraigadas en Corrientes. En la capital y en algunos municipios como Bella Vista, al estar concesionados, tienen una impronta mercantilista muy fuerte. Pero en algunas partes aún se conservan las costumbres con gran impronta popular y de pueblo.
(Por Fabiana Villa)

Los carnavales son una de las expresiones populares más arraigadas en la provincia de Corrientes. Ciertamente, en  la capital y en algunos municipios como Bella Vista, al estar concesionados, tienen una impronta mercantilista muy fuerte,  productos de gestiones pésimas y  de negociados de los gobiernos. Pese a eso, en algunas partes del interior de la provincia aún se conservan las costumbres con gran impronta popular y de pueblo.

Si bien estas expresiones están repletas de construcciones estereotipadas, normalizadoras y con patrones hegemónicos y normativos de belleza (como las elecciones de reinas) hace algunos años, con la fuerte presencia  que el movimiento feminista tuvo en las calles, hay pequeños cambios que vienen gustándose por los bordes de nuestras costumbres.

 En Monte Caseros, por ejemplo, compañeras del movimiento feminista vienen interviniendo la fiesta juntando firmas y hablando con la comunidad que se aglutina en el cosmódromo durante las noches de carnaval. Ahí conversan con las personas sobre la necesidad de exigir una comisaria de la mujer y las problemáticas que atraviesan las mujeres y disidencias en el municipio.

 Por otro lado, comparsas de Paso de los Libres, eligieron representar temáticas arraigadas a los movimientos de mujeres, LGTB, movimientos campesinos y ambientales. Así mismo el año pasado, es esa misma localidad, una comparsa presentó un carro alegórico con figuras femeninas que han luchado por los derechos de las mujeres, travestis, trans como ser Lohana Berkins, Eva Peron entre otras.

 La costa del Uruguay tiene una impronta carnavalesca muy importante, sus formas de reproducción están bañadas por la influencia del Brasil, el baile, el enredo, las formas en que las baterías intervienen en las pasarelas y los corsosdromos, las temáticas, que en los últimos años han tocado temas como las negritudes, la esclavitud, las luchas de los pueblos originarios. De a poco el litoral va sumergiéndose más en  ese vestigio rebelde y profundamente pagano, que es, en principio, el festejo de los cuerpos.

La energía que se produce en esos lugares está cargada de magia, son noches donde la luna y las lentejuelas de los trajes (producidos artesanalmente)  brillan zambando al calor de los aplausos y la euforia del público. El origen de los carnavales trae consigo una historia antiquísima, donde las personas gozan bailando y cantando semidesnudos reivindicando la danza y el cuerpo como disfrute, como proceso sanador de todas las miserias donde la rutina atraviesa y desgasta.

Los carnavales correntinos son fiestas de los pueblos, ellos los concibieron y los sostienen con una mística muy propia: rivalidades entre comparsas y familias, chismes en torno a lo que sucede alrededor de las agrupaciones, apreciaciones calificativas sumamente subjetivas (hasta dogmáticas) según la comparsa a la que perteneces, chanchullos de los organizadores y los gobiernos. Todas estas cosas forman parte del folklore de los corsos.

Son lugares de encuentro por excelencia, donde las máscaras permiten también que se deje ver una naturaleza oculta (y muchas veces reprimida) de las personas, potencian la alegría al tiempo que apalean lo sucesos de la cotidianeidad (y a veces adormecen y alienan). Su naturaleza es un ritual, propio de este país del río, y como toda liturgia correntina, está plagada de quiebres y contradicciones en una sociedad silenciosa pero llena de sabiduría que grita en sus fiestas profecías sobre la tierra y la raíz.

Fotos: Comparsa Carun Bera (Monte Caseros)


2014 - Nueva Mirada Corrientes @LvDesarrollo