28-03-2020 / 21:19
Apenas un esbozo de respuesta


Síntesis de la respuesta de Lugo Ariel, magister en Ciencias Sociales, a la carta publicada en este medio por el Licenciado en Trabajo Social Carlos Marchevsky, sobre el libro “Diáspora del Trabajo Social”.
Hoy, con la cuarentena, es un día perfecto para emprender un esbozo de respuesta, sobre el escrito del Trabajador Social Carlos Marchevsky, en el libro “Diáspora del Trabajo Social”. El artículo, publicado por Carlos analicé de manera breve algunos ejes; como ser:

Cuando hablamos de democratizar la democracia, se entiende desde la consideración de la democracia como lo inaprensible, una “Democracia por venir”, diría Derrida, donde la democracia no es algo a lo que se pueda asir, sino como lo que siempre se debe ir construyendo, reconstruyendo y deconstruyendo. (Derrida, 2005: 101-118) En ese sentido, cuando usted habla de “agente democratizador” ya se estaría presuponiendo que debe haber alguien o una forma de hacer democracia en detrimento de otras. Por eso, democracia, como usted bien señala, no es la mera expresión a través del voto o alguna que otra participación cívica, sino la continua expansión de los límites para que en cada decisión que se realice sean incluidos los que, en un primer momento, por medio de otras decisiones quedaron al margen. (Mouffe, 1999; 2011).

Por otro lado, en cuanto, hablar de sistema me refiero justamente a la aporía en la que se halla la democracia, que debe, en su interior, “luchar” con el sistema democrático, es decir, para que la democracia no se vuelva una cuestión de jamás concretarse, aunque sea a medias, mínima y efímeramente, no se debe renunciar a buscar democratizar cada vez más el sistema democrático. Pero la democracia, como sistema, es la que limita y concretiza a la democracia.

Sin embargo, cuando usted menciona que: “si se trata del sistema, la cuestión es para todos los que somos parte de demos” deja confuso qué es lo que considera demos porque ni la democracia (como constante democratización) ni el sistema democrático, como los comprendo, excluirían al demos, sino que este sería el motor que mantiene viva a la democracia. Aún más, son los incontados, diría Rancière, los indocumentados, los marginados, los ilegales, los pobres, los fuera del sistema, etc. los que en mi consideración conformarían el demos y es a esa búsqueda constante de apertura a expandir los estrechos márgenes del sistema democrático a lo que considero democracia, por la abertura a esos que por ahora no son considerados como demos.Pero en esa democratización ustedes, los trabajadores sociales, no ocupan un lugar menor, desde mi perspectiva, sino que tienen la “ventaja” sobre las demás profesiones que tienen un contacto directo con las personas.

En tanto, es más que evidente lo que menciona sobre los DDHH; pero le responderé a Marchevsky recurriendo a Marchevsky: “La denominada ética ciudadana como plafón de todas las ciencias sociales a su vez sujeta a los derechos humanos.” (p. 130) Por lo que la observación que realiza al escrito sobre el cuestionamiento de los DDHH, cosa que en todo el texto los abordo críticamente (especialmente pp. 100-106), es realizable a su propia postura. Quizás sea una crítica que se deba a sí mismo proyectando en otros. Pero más allá, de lo cuestionable de las acciones realizadas por la ONU y a la Declaración de los DDHH, cosa que coincido con usted, no por ello se los puede desconocer y menos dejar a un lado, sino que a partir de una crítica constante lograr conformar unos DDHH que puedan incluir esa universalidad que dicen representar (comprendiendo a “pueblos” originarios, países orientales, etc.) Me veo obligado a remitirlo a una cita que figura en ese artículo, donde se puede ver que su observación ya ha sido tenida en cuenta y que se toma a los DDHH con ciertas reservas y no desconociendo lo que usted señala.

La democratización de la democracia y la politización de los DDHH de la que he hecho mención arriba es justamente ese riesgo a lo impredecible que pueda venir, es el riesgo a no perder esa búsqueda por mantener y construir un espacio más democrático. Acá, le dejo una cita de Mouffe (1999), que considero oportuna: “Por cierto que la democracia no puede sobrevivir sin ciertas formas de consenso -que han de apoyarse en la adhesión a los valores ético-políticos que constituyen sus principios de legitimidad y en las instituciones en que se inscriben-, pero también debe permitir que el conflicto se exprese, y eso requiere la constitución de identidades colectivas en torno a posiciones bien diferenciadas. Es menester que los ciudadanos tengan verdaderamente la posibilidad de escoger entre alternativas reales.” (1999: 16-17)


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