CINE Y TERRITORIO

Jona Alonso: “La cámara tenía que cumplir otro rol en mi vida”

El realizador audiovisual chaqueño repasó sus comienzos, la construcción de un cine disidente desde el territorio y la necesidad de producir narrativas propias.

En una entrevista con Nueva Mirada Radio, Jona Alonso recorrió distintos momentos de su trayectoria como realizador audiovisual, fotógrafo, docente y artista vinculado a la danza. Desde sus primeros trabajos hasta películas como Mi ñeri, y sus experiencias recientes con la videodanza y el cine experimental, Alonso reflexionó sobre la representación, las formas de producción y el lugar de las identidades disidentes en el audiovisual chaqueño.

Su recorrido aparece atravesado por una búsqueda: construir relatos desde el propio territorio y disputar las formas tradicionales de representación. Para Alonso, hacer cine no puede separarse de la dimensión política, porque también implica decidir quiénes cuentan, qué historias se cuentan y desde qué lugares se producen esas imágenes.

NM: Tu historia con el lenguaje audiovisual y con el cine disidente viene por un espacio de lucha y de pelear contra lo que el cine hegemónico y heteropatriarcal impone sobre las miradas audiovisuales. ¿Creés que quienes representan el arte y la cultura también tienen una responsabilidad política en la defensa de las instituciones públicas? ¿Cómo convive esa parte tuya con la de realizador audiovisual, docente y militante de este tipo de reclamos?

JA: Totalmente. Yo no concibo que ningún acto artístico, de gestión, de realización o de reflexión no tenga una dimensión política. Me parece que va muy de la mano. Cualquier acto de presencia, de exposición o de presentación es un acto político.

Hace poco participé también en el Congreso Internacional de Artes que se hizo acá, en la Facultad de Artes de Resistencia, y hablaba un poco sobre esto. Algunas narrativas o formas de hacer cine, en las formas en que yo me inicié hace más de diez años, me llevaron a darme cuenta de la importancia y la necesidad de empezar a construir nuestras propias narrativas, como disidencia: desde la organización de los equipos de trabajo hasta las historias que se cuentan.

Cuando pensaba en la historia de nuestro cine chaqueño, veía que en sus inicios el cine estaba pensado más como edificio que como narrativa o discurso en la pantalla. A principios de 1900 llegó a la región Benito Vega, un español que empezó a trabajar en el Teatro Vera, en Corrientes, y cuando pasó por Resistencia creó el “cine en la plaza”, dentro de la Plaza 25 de Mayo. Había distintos espacios donde se proyectaban películas, pero nunca se pensó que los chaqueños hicieran cine.

Si nos remontamos a los 60, 70 y 80, encontramos algunos documentales de realizadores chaqueños. Hay pocos largometrajes en nuestra provincia, mientras que abundan los cortometrajes, también porque tenemos una carrera que lleva hacia ese lugar de realización.

Pero cuando veía las películas o los trabajos de acá, del Chaco y de la región, no entendía por qué no estaban representadas nuestras existencias como maricas, como travas, como tortas, como quieras verlo.

En 2017 participé por primera vez de un festival de cine en Corrientes, en el Guácaras. Había presentado un documental llamado Resistencia Trans, una serie de entrevistas que hice a las chicas de la zona roja sobre cómo vivían la noche. Ese trabajo no quedó en la selección oficial, sino en una muestra paralela.

Una de las escenas de Resitencia trans

Cuando fui al festival, la pantalla principal estaba en el medio de la plaza y, a unos metros, había una carpa donde se proyectaban las películas que quedaban fuera de competencia. Cuando anunciaron que se iba a proyectar Resistencia Trans, vi que la gente se levantó de sus sillas en la plaza y fue hacia la carpa. Quedó tan chica que muchos tuvieron que quedarse afuera.

Después tuvo que venir el director del festival para llevar el trabajo a la pantalla principal. Esa acción me hizo un click sobre la necesidad de contar historias que quizás no son nuestras, pero que seamos nosotros quienes las produzcamos y las contemos desde nuestra propia forma de hacer cine.

NM: Nombraste dos cuestiones: por un lado, tus inicios trabajando en fotografía y haciendo producciones visuales y audiovisuales para eventos y grupos musicales; y por otro, la experiencia de hacer cine disidente en el Chaco. ¿Cómo fue ese proceso de sentir que tenías que dejar de lado la fotografía o el trabajo como servicio y pasar al cine? Y, por otro lado, ¿Qué significa construir un lenguaje audiovisual disidente en el Chaco, fuera de los grandes centros de producción cinematográfica?

JA: En ese momento sentía que no estaba vibrando, que no me sentía cómodo con los trabajos de fotografía o video. Me estaba molestando tener que ir un sábado a la una de la madrugada a determinado lugar a registrar algo. La plata nunca me interesó en ese sentido. Yo sentía que la cámara tenía que cumplir otro rol en mi vida: tenía que contar algo.

Sentía que me estaba alejando de mi objetivo. En ese momento no podía hacerlo porque armar un equipo y llevar algo a cabo lleva tiempo, dinero y organización.

Cuando dejé de hacer ese trabajo de servicio y fundé mi productora, empecé a trabajar con amigos haciendo nuestros propios cortos y documentales. Fue una experiencia colectiva, muy rica, porque lo hicimos entre nosotros, con nuestros tiempos, nuestros procesos, nuestras incertidumbres y también nuestros errores.

Y en relación con lo otro, muchas veces estamos mirando demasiado qué pasa afuera: las historias que vemos, las películas. Yo me preguntaba qué pasa acá, cuáles son nuestras historias y qué cosas podemos contar entre nosotros.

Empecé a trabajar con mis propias ideas y a presentarme a convocatorias de fotografía y cine. La mayoría las obtuve, tuve algunas menciones en fotografía y participé en festivales de arte Queer en Buenos Aires. Mis trabajos llegaron también a Colombia y Brasil. Hay todo un recorrido relacionado con la exhibición y la distribución, que es la última pata de la producción audiovisual.

Hacer cine con lo que tenemos es lo que lo hace más rico. En el Congreso de Artes también mostré un trabajo de un compañero trans, Aarón, que había hecho un registro sobre una marcha que se hizo en Barranqueras. Ahí también aparece el error como recurso político: la cámara estaba fuera de foco o el sonido no era el sonido directo de cámara.

Cuando empezás a dejar la dimensión técnica en un segundo plano aparecen cosas muy ricas: una persona contando su historia con el recurso que tiene, con un celular, con un equipo independiente. Eso me parece muy valioso porque permite construir soberanía de trabajo entre los compañeros.

Cuando nos comparamos con las grandes producciones de otros lugares, incluso de Corrientes o Misiones, que tienen un gran caudal de cine y producción, yo encuentro más belleza en esas cosas pequeñas: un compañero que se anima a filmar con su celular o a hacer entrevistas. Me parece más rico, más sensible y más cercano. Permite construir comunidad y lazos de trabajo.

También hicimos cine barrial con un grupo de chicos. Cuando trabajé con niños y adolescentes y nos juntamos a leer el guion, los chicos no sabían leer. Fue un choque tremendo. Yo pensaba que podían leer un guion, aprenderse algunas líneas y decirlas, pero primero tenía que hacer un trabajo para que aprendieran a leer.

Ahí te das cuenta de las desigualdades y las falencias que tenés en tu barrio, y de cómo el cine o el arte pueden acercar y construir caminos, generar aprendizajes, otras realidades, otras verdades y otros sentidos. Me parece fundamental que el arte tenga una función transformadora.

Retrato de Jona Alonso

NM: Me parece que un punto de inflexión en tu carrera fue Mi ñeri. Contanos cómo nació esa historia y qué desafío encontraste para llevar a la pantalla esa narrativa sobre vínculo, identidad y diversidad en un contexto regional.

JA: Mi ñeri fue en 2018. Para ese momento había ganado un pitching que se hizo acá en Resistencia. Para quienes no conocen, el pitching es un espacio de competencia donde presentás tu proyecto y tenés que ganarlo para poder realizarlo.

Había escrito el guion. La historia era sobre dos amigos que vivían en el interior de la provincia y uno de ellos se iba a mudar a la capital por cuestiones de trabajo de su padre.

Cuando ganamos el proyecto pudimos realizarlo. Lo hicimos acá, en mi barrio, y fue el primer trabajo que hicimos bajo esta mirada del territorio.

Me permitió decir: “Desde este lugar quiero seguir trabajando”. Quiero contar historias que tengan que ver con el amor, con el deseo y con la necesidad de ser representados en la pantalla.

Había hecho otros trabajos antes que tenían muchos errores de guion, montaje y demás, y que no salieron a la luz. Mi ñeri fue el proyecto que me permitió entender hacia qué camino quería ir, cuáles eran las cosas que quería escribir, qué historias quería contar y mostrar.

Siempre me retumba en la cabeza una frase de una colega: “Queremos hacer la película que de chicas no tuvimos”.

Esa frase la tengo presente hasta el día de hoy. La necesidad de mirarnos, de representarnos, de tener una representación en la pantalla que diga: “Wow, me puedo identificar con esto, puedo pensar que tengo algo que ver con este personaje”, es muy necesaria para nuestra comunidad.

Históricamente fuimos desplazados de muchos espacios y la forma en que se nos representaba siempre tendía a ridiculizarnos.

Por eso digo: vivan nuestras historias y vivamos nosotros, quienes somos quienes las contamos. Me parece importante rescatar que somos nosotros quienes contamos nuestras historias, en la forma en que producimos y en la forma en que creamos.

NM: Hay trabajos más recientes, como Las cosas que no te dije y Mi viaje, donde explorás la videodanza y el cine experimental. ¿Qué te permiten esos formatos que quizás no encontrás en el relato cinematográfico tradicional?

JA: Antes de ser realizador audiovisual, mi formación también fue en la danza. Fui bailarín muchos años, estuve en varias compañías y tuve mi propio grupo. Cuando aparezco dentro de este lenguaje audiovisual digo: ¿Qué pasaría si mezclo ambos lenguajes, la danza y el cine?

Ya lo venía haciendo desde hacía muchísimo tiempo, sin saber que existía el lenguaje de la videodanza como tal.

En Argentina la videodanza aparece con Silvina Sperling en 1993 o 1994, con una obra llamada Temblor, realizada con su grupo Vagalinas. A partir de ahí aparece este lenguaje que mezcla el movimiento y la cámara, y cómo esos elementos construyen un nuevo lenguaje.

Es muy interesante porque también se acerca al cine experimental. Estamos bajo otra lógica, no bajo la mirada convencional del cine.

Las cosas que no te dije fue una videodanza que hice el año pasado, como resultado de una especialización que hice en la Universidad Nacional de las Artes, y ahora quedó seleccioando en Brasil, Bariloche y Buenos Aires. Y en paralelo está Mi viaje, que es el resultado de diez años de trabajo.

Jona Alomso en una de las tomas de Mi Viaje

Captura de Mi Viaje

Ahí expongo todo aquello que nunca salió a la luz: clips, trabajos, detrás de cámara, ensayos con actores, locaciones, tomas erradas. Dentro de todo aquello que descartamos encontré otra lógica, que puede construirse bajo la categoría del cine experimental. De hecho, tuvo una mención el año pasado en el festival CinePlay, en Corrientes.

Siento que esa categoría me está atrayendo porque me permite jugar y experimentar más con los cuerpos, con las ideas y con la metáfora. Es algo que me está movilizando y que estoy dejando que suceda.

Así como tengo varios guiones escritos bajo la mirada aristotélica, con el conflicto de los personajes, también hay otra parte de mí que, después de diez años, sigue encontrando cosas que me movilizan y me resultan interesantes.

Back de fotos de Las cosas que no te dije

Captura del Videodanza Las Hijas del Monte

NM: Si mirás hacia adelante, ¿hacia dónde creés que va tu búsqueda?

JA: No es una pregunta que quiera encontrar del todo. Si encuentro la respuesta es como si se terminara. Es como decir: “Ya está, terminé hoy”.

Mi búsqueda sigue abierta.


Muchas de sus producciones se pueden encontrar en su canal de Youtube: https://www.youtube.com/@jonasalonsocine

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