PLATAFORMAS

Martin Becerra: “Las plataformas monetizan incluso el tiempo de ocio”

El investigador y especialista en comunicación Martín Becerra participó del X Congreso Internacional de AsAECA en la UNNE y analizó cómo la plataformización redefine la producción cultural, precariza el trabajo y disputa la construcción de sentido. También reflexionó sobre el rol de las grandes tecnológicas, la inteligencia artificial y el escenario político argentino.

Fotos @jere.giordano

En el marco del X Congreso Internacional de AsAECA realizado en la Universidad Nacional del Nordeste, el investigador del CONICET y especialista en comunicación Martín Becerra dialogó con Nueva Mirada Radio sobre las transformaciones que atraviesan las industrias culturales en tiempos de capitalismo digital y plataformización. Su exposición, titulada “Plataformización de las industrias culturales: ¿quién tiene el control?”, propuso pensar cómo las grandes plataformas tecnológicas reorganizan las relaciones de poder en la producción, circulación y consumo de contenidos a escala global.

Durante la entrevista, Becerra abordó el rol estructural de empresas como Meta, Amazon, Microsoft o Google en la organización de la vida digital contemporánea, el impacto de los algoritmos sobre el trabajo cultural y la captura de datos y tiempo de ocio como nuevas formas de acumulación económica. También reflexionó sobre la ofensiva política y comunicacional del gobierno de Javier Milei, la debilidad regulatoria de los Estados frente a las Big Tech y la posibilidad de construir sentidos populares dentro de arquitecturas digitales diseñadas bajo lógicas comerciales y corporativas.

Las discusiones que atravesaron el congreso también dialogaron con debates más amplios sobre inteligencia artificial y producción de sentido. En un contexto donde las plataformas y sistemas algorítmicos intervienen cada vez más en la producción de información, contenidos y vínculos sociales, la pregunta sobre cómo los sectores populares se apropian de estas tecnologías aparece como uno de los grandes desafíos políticos y culturales del presente.

—¿De qué se trató la conferencia que presentaste en el congreso?

—Trabajé sobre la transformación de las industrias culturales. Las industrias culturales y la infraestructura de la información y las comunicaciones vienen sufriendo un cambio que no es solo tecnológico, sino también social. Tiene que ver con los cambios en los hábitos de consumo, en la producción de contenidos y en las nuevas tecnologías que producen la cultura y los contenidos que hoy son masivamente consumidos.

“El capitalismo digital transita este cambio muy vinculado a la plataformización de las comunicaciones. Esta plataformización está protagonizada por grandes plataformas tecnológicas como Microsoft, Amazon o Meta, entre otras. Y no es neutral ni inocua, sino que supone nuevas formas de información y entretenimiento que reproducimos cotidianamente desde nuestros móviles y computadoras”.

—¿Qué implica pensar críticamente esos cambios tecnológicos?

—Cada innovación tecnológica reconfigura relaciones de poder. No solo modifica herramientas, sino también quién decide, quién produce, quién distribuye y quién se apropia de los ingresos. Muchas veces estos cambios aparecen como inevitables o naturales, cuando en realidad responden a intereses concretos.

“Hoy existe un imaginario muy fuerte de autonomía: la idea de que cualquiera puede producir contenidos y manejar sus tiempos. Y es cierto que el acceso a la tecnología se abarató muchísimo. Pero esa autonomía convive con nuevas formas de dependencia”.

—¿Dónde aparece esa dependencia?

—Sobre todo en la relación con las plataformas, que son las que concentran la circulación masiva. Quienes producen contenidos dependen de sistemas que no controlan y que, sin embargo, determinan su visibilidad y sus ingresos.

“Las plataformas organizan la circulación de los contenidos. A través de algoritmos definen qué se ve, qué se jerarquiza y qué queda invisibilizado. Y lo hacen con criterios que no son transparentes y que responden a sus propios intereses económicos”.

—¿Qué repercusiones tienen estas nuevas formas de asumir el trabajo y la vida social?

—Hay que reconocer la desigualdad inherente a cualquier relación laboral y también la necesidad de proteger el interés público y a los sectores vulnerables, como niñas, niños y adolescentes. Hoy las plataformas absorben enormes recursos y eso exige pensar políticas públicas que puedan destinar parte de esos recursos a proteger derechos.

“Con el actual gobierno argentino eso aparece muy difícil. Y no hablo solo de Milei, sino también de gobernadores, legisladores y sectores del Poder Judicial que avalan estas políticas. Hay una ideología que busca desguazar toda protección hacia los trabajadores y dejarlos sometidos al poder económico real, que en este caso son las grandes plataformas globales”.

—¿Es posible pensar resistencias frente a este escenario?

—En Argentina es muy difícil imaginar una resistencia inmediata porque el país no tiene la escala suficiente para enfrentar solo a estas corporaciones. En Brasil sí existen condiciones más favorables, tanto por parte del Poder Ejecutivo como del Congreso y el Poder Judicial, además de una sociedad civil organizada.

“Argentina necesitaría articular posiciones con otros países de la región y construir apoyos solidarios frente a estas amenazas. Son desafíos que exceden las capacidades de un país mediano”.

—Teniendo en cuenta la confrontación del gobierno de Javier Milei con trabajadores de prensa y medios de comunicación, ¿hay una estrategia para trasladar la construcción de sentido hacia plataformas e inteligencia artificial?

—Sí, pero al mismo tiempo es un gobierno muy pendiente de los medios tradicionales. Milei vive obsesionado con la televisión y con aparecer constantemente en medios amigos. Incluso hubo entrevistas interrumpidas por Santiago Caputo. Es un gobierno extremadamente obsesionado con la comunicación.

“Destina muchos recursos a las plataformas digitales, pero también a los medios tradicionales, aunque sea desde una retórica de confrontación con periodistas y medios. Entonces no creo que haya un reemplazo de los medios tradicionales, sino una combinación de estrategias”.

—¿Qué aparece de nuevo en esta etapa de precarización vinculada a las plataformas?

—Lo novedoso es la informalidad legalizada que permite que las plataformas capturen y moneticen incluso el tiempo de ocio de las personas y de los trabajadores.

“Las plataformas no solo capturan datos y recursos económicos, sino que mercantilizan tiempos que antes eran considerados de ocio. Incluso cuando no estamos trabajando formalmente seguimos produciendo datos que alimentan sus ecuaciones económicas”.

“Es un modelo muy distinto a los viejos modelos empresariales de captura de plusvalía. Ahora tenemos algo mucho más sofisticado, que no deja un solo segundo de la vida humana fuera de su vocación de mercantilización y extracción de datos para producir conocimiento y proyecciones sobre el comportamiento futuro de las personas”.

—¿Se puede construir un sentido popular en las redes y las nuevas plataformas?

—Sí, creo que se puede. Existen experiencias alternativas que lo hacen. Así como antes era posible construir sentidos populares en medios tradicionales que también eran comerciales y concentrados, hoy las redes sociodigitales también permiten generar contenidos inclusivos y democratizadores.

“Pero hay que entender que esa tarea implica remar contra la arquitectura de las redes y contra una edición algorítmica que va en contra de cualquier pretensión inclusiva, democrática o popular”.

—¿Cómo viviste este décimo Congreso Internacional de AsAECA en la UNNE?

—No es la primera vez que vengo al NEA. Ya estuve varias veces en Corrientes y en Chaco, aunque hace muchos años. Soy santafesino además, así que tengo mucha cercanía con la geografía del litoral.

“En cuanto al congreso, me pareció excelente. Escuché ponencias súper interesantes y muy variadas. Había gente vinculada al ámbito artístico, investigadores de comunicación y trabajos sobre fenómenos como el streaming. Fueron ponencias muy bien trabajadas, muy serias”.

“Por mi parte aprendí un montón y me llevo una gran satisfacción de haber compartido estos días. Es una experiencia muy enriquecedora, no solo para mí, sino para buena parte de quienes participaron”.

La discusión sobre plataformización, inteligencia artificial y concentración tecnológica también deja abierto un interrogante político más amplio: cómo disputar sentidos dentro de herramientas y plataformas desarrolladas bajo lógicas corporativas y de mercado. Si históricamente los sectores populares debieron apropiarse de tecnologías como la prensa gráfica, la radio o la televisión para construir otras narrativas sobre la realidad, hoy esa disputa se traslada hacia redes sociales, sistemas algorítmicos e inteligencias artificiales que organizan buena parte de la vida contemporánea. El desafío, como sugirió Becerra, no pasa solamente por usar esas herramientas, sino también por comprender las relaciones de poder que las estructuran.

Martin Becerra AsAECA FADyC Humanidades UNNE