DEBILIDAD IMPERIAL

La ofensiva contra Irán revela la debilidad del imperio

La escalada bélica lanzada por Washington y Tel Aviv desata una guerra regional, dispara los precios del petróleo y pone en jaque el estrecho de Ormuz, señal del agotamiento estratégico del imperialismo frente a la resistencia de Irán y su impacto en los mercados globales.

Desde el 28 de febrero de 2026 la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán marcó no el “éxito estratégico” que algunas potencias occidentales pregonaron, sino una crisis multifacética que revela tensiones profundas en el orden mundial. La operación militar —denominada por Washington “Furia Épica” y por Tel Aviv “Rugido del León”— consistió en bombardeos sobre objetivos en Teherán y otras ciudades iraníes, con la muerte de altos mandos y miles de heridos, en un intento de doblegar a un régimen soberano en medio de conversaciones diplomáticas que aún estaban en curso. 

La muerte del líder supremo Alí Jameneí marcó un punto de quiebre. Irán respondió con una nueva ola de misiles contra Israel y contra bases vinculadas a Estados Unidos en la región del Golfo. En las últimas horas, la Guardia Revolucionaria informó que entre los objetivos alcanzados se encuentran oficinas asociadas al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, además de instalaciones militares estratégicas. La represalia iraní amplía el teatro de operaciones y consolida un escenario de guerra abierta.

Un elemento central de la disputa actual es el impacto sobre los mercados energéticos globales. La tensión ha provocado perturbaciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las arterias más estratégicas del comercio mundial de petróleo por donde circula aproximadamente el 20% de la producción global de crudo. Aunque Teherán niega haber ordenado oficialmente su cierre, la incertidumbre y los ataques a embarcaciones navieras han llevado a muchas empresas a evitar la zona, provocando un rearme logístico en el transporte de energía y un incremento del precio del petróleo de más del 10%. 

Este dato es clave porque coloca en evidencia la dependencia estructural del imperialismo en torno al control de los recursos energéticos. El conflicto, lejos de ser un simple choque entre naciones, tiene consecuencias directas sobre los precios de la energía y la estabilidad económica mundial, destacando la lógica geoestratégica que ha llevado a Washington a perseguir posiciones hegemónicas en regiones clave. 

El aumento del crudo evoca situaciones similares en las que Estados Unidos ha intervenido en países productores de petróleo como Venezuela, donde el control y la presión sobre la industria energética han sido instrumentos recurrentes de su política exterior.

Paralelamente, la cobertura mediática hegemónica dominante en occidente intentó en los últimos días presentar las protestas en las calles iraníes como expresiones principalmente contra el propio régimen de Teherán. Sin embargo, una revisión más amplia de esas movilizaciones muestra que las consignas apuntaron contra la intervención extranjera, en particular contra Estados Unidos e Israel, como factores desencadenantes de la violencia y del sufrimiento popular. Este encuadre mediático, al centrarse en tensiones internas, desvía la atención del rol activo y preponderante de las potencias occidentales en desencadenar la crisis actual. El pueblo iraní, en general, comprende que esto no se trata de una intervención para resolver sus problemas internos. 

La suma de estos factores —la guerra abierta, el efecto sobre los recursos energéticos y la disputa narrativa— exhibe no solo una escalada bélica peligrosa, sino también una crisis estructural del bloque occidental, cuya incapacidad para lograr un desenlace claro y sostenible revela la debilidad de sus mecanismos de dominación en un mundo multipolar y en disputa. La ofensiva contra Irán, lejos de consolidar la hegemonía de Estados Unidos e Israel, ha provocado una cascada de efectos contrarios a sus intereses, tensionando aún más un escenario internacional ya profundamente fracturado.

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